Hombre se transforma en lagarto (Fotos)

Erik Sprague ha tatuado su cuerpo con escamas y lo ha pintado de verde, ha limado sus dientes y ha operado su lengua.

Erik Sprague, conocido como 'The Lizardman'.

Erik Sprague, conocido como "The Lizardman".

Foto: EFE
PUBLICADO: EST Oct 23, 2012 10:25 pm EST

John Merrick creció siendo el hombre elefante y Erik Sprague se ha transformado en el hombre lagarto. Ha tatuado su cuerpo con escamas y lo ha pintado de verde, ha limado sus dientes y ha operado su lengua, ahora bífida, porque no estaba "a gusto" con su cuerpo. Lo único original son sus ojos, verdes.

El hombre lagarto (The Lizard Man) lleva tatuado sobre su torso la palabra "freak" (monstruo) pero nada más lejos de la realidad. Tranquilo, afable y educado, sabe el interés que despierta y lo potencia, si es necesario, rotando sin parar su lengua bífida.

En una entrevista con Efe se califica como "artista". De hecho, este tejano de 40 años se dedica a la comedia y a realizar espectáculos con espadas y pinchos, por supuesto, mostrando su cuerpo, tatuado en un 70 por ciento de color verde, aunque el resto se lo teñirá en breve.

Tras una reflexión de tres años, cuando cumplió 21, decidió transformar su cuerpo. Estudiaba filosofía y arte, y explica que a su madre "no le sorprendió lo más mínimo" y que su familia demostró tener una "perspectiva muy positiva" sobre su cambio.

"Quien me conoce como persona y como artista sabe que desde que era un niño me pintaba la piel y mi desarrollo ha sido muy natural y orgánico", comenta mientras deja claro que no se ha tratado de un impulso del que se haya arrepentido.

Justifica su cambio porque le gusta "el aspecto de los lagartos", y señala que otra de las razones que le ha llevado a optar por este animal es que en todas las culturas "los reptiles han simbolizado el poder, desde la historia del Edén a los dragones". Y esta ha sido su "oportunidad de ser un símbolo de poder".

Un poder que como artista nace del deseo de captar la atención de quien le mira. Pero, sobre todo, le gusta disfrutar de la "reacción surrealista" que percibe en la gente cuando le observa, y contribuir a que vivan algo "diferente" y "raro" en su día a día.

Reconoce que lo más doloroso de su transformación ha sido "sin duda" los cinco implantes de bolas de teflón que lleva colocados sobre sus cejas y que producen el abultamiento característico de los lagartos en esa parte del cuerpo.

"Vomité y tuve alucinaciones", consecuencia de realizar la intervención quirúrgica sin anestesia.

Los implantes se los injertó un ingeniero experto en este tipo de material, autorizado para realizar este tipo de cirugía pero, curiosamente, sin licencia para administrar la dosis de anestesia.

Piensa que la vejez y las arrugas le añadirán "carácter e interés" a su físico y cree que será "la persona más extraña en la residencia de ancianos".

Casado desde hace nueve años, apunta que su esposa no le ha pedido en ningún momento que ceje en su empeño de cambio.

"Me conoció mientras estaba en el escenario con un bañador mínimo, exhibiendo mi cuerpo y haciendo un número con espadas, en el que me introducía pinchos en la cara y en la boca. Creo que le gusté desde el principio", explica entre sonrisas.

Admite que es vegetariano porque no le gusta "el sabor de la carne". Y afirma que se alimenta de "pizza, fruta y cerveza". Los insectos, manjar de los reptiles, son solo una alternativa en sus espectáculos.

Podría ganar mucho dinero, pero apunta que ingresa lo suficiente para "ser feliz" y para él eso "es lo importante".

Se niega a cuantificar cuánto le ha costado esta transformación, "no es relevante", pero cuenta que, hace unos años, una aseguradora le valoró en "un cuarto de millón de dólares". Supongo que con la inflación el precio habrá subido", dice riendo.

Su transformación se recoge en el libro Riplay 2012 (Planeta), en el que aparecen todo tipo de curiosidades, una circunstancia que "le encanta" ya que de niño "leía estos libros" y siente que ahora es "el guardián" de su historia.

Esta es la razón que le ha traído hoy a Madrid a mostrar por la Gran Vía una imagen que nada tiene que ver con un disfraz.

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